Horna antes del pantano

Parte de la Historia de Horna de Ebro

Escrito por hornadeebro | 12/05/2026

El siguiente artículo es obra de Roberto Carlos Fernández Zubelzu y fue publicado originalmente en la Revista La Majada (Asociación Cultural Fresno del Río). Lo transcribimos aquí para su difusión y preservación futura.

Al final del post se incluyen las fotografías de la publicación en la misma revista.

Hace unos días llegó a mis manos la fotografía antigua que vemos sobre este texto, la cual corresponde a una zona del pueblo de Horna de Ebro denominada “pradera de Salcedo”, en ella se puede ver como era el paraje antes de ser anegado por las aguas del pantano, unas extensas praderas con frondosa arboleda junto a un tramo del cauce del río, que bordeaba las casas. Todo ello quedó sumergido cuando al cerrar las compuertas del dique de Arroyo, las aguas fueron subiendo hasta hacerlo desaparecer.

El grupo de casas estaba formado por una antigua ferrería y las viviendas de los obreros que trabajaban en ella.

Llevé la foto a una vecina del pueblo que se llama Honorina, aunque todos la conocemos como «la Titi«. Me comenta al ver la foto que una de las casas era de su familia, esta imagen la trae muchos buenos recuerdos de su niñez, pero también otros más tristes y dolorosos, los relacionados con la llegada del proyecto del pantano, cuando se vieron obligados a dejar su hogar y las mejores fincas. La familia tomó la decisión de aprovechar los materiales de su casa y construir otra en una finca situada más arriba donde no llegaría el agua y así poder seguir viviendo en su pueblo.

Con la colaboración de los vecinos que se volcaron para ayudarles fueron desmontando piedra a piedra y trasladando todos los materiales, con el único medio de transporte con el que contaban, el carro y la pareja de vacas. Aunque me dice que ella era pequeña, tendría unos 10 años, recuerda como su madre les preparaba la comida para todos los que ayudaban cada día. Recuerda que, hasta que se pudieron ir a la nueva casa, se fueron a vivir con unos familiares.

No olvida el dolor de sus padres y de todos los que tuvieron que abandonar aquellas hermosas praderas y aquellas fértiles tierras, tan buenas para la siembra.

Algunos de los propietarios de las otras casas, también decidieron trasladarlas a terrenos más elevados, pero otros, ante el incierto futuro que les esperaba en el pueblo, optaron por dejarlo todo y emigrar a otros lugares donde poder encontrar una mejor vida.

Con la piedra de las casas que quedaron, construyeron el puente de 12 ojos que en la década de los 70 aumentaron a 2 ojos más, actualmente sigue en pie y da acceso al pueblo desde la carretera comarcal que también construyeron por la parte de arriba para comunicar Reinosa con estos pueblos, también lo inundó el embalse.

Las casas que se ven en primer plano en la imagen, antiguamente fueron un molino y posteriormente una ferrería que fue levantada en 1754 por don Antonio Díaz Zorrilla, emprendedor vecino de Medianedo, que es uno de los pueblos que inundó el pantano junto con La Magdalena, Quintanilla y Quintanilla de Bustamante. Habiendo descubierto una mina de hierro en el concejo de Valdearroyo, decidió transformar unos viejos molinos de su propiedad en fábricas de hierro. En 1771 la ferrería pertenecía a don Joaquín de Zorrilla, sin duda pariente del anterior, que demostraría también su capacidad emprendedora explotando tres minas de carbón mineral en Las Rozas —las mismas que veinte años más tarde explotara don Luis Collantes Fonegra— con el objeto de utilizarlo en la conversión en acero del hierro labrado en la ferrería. Finalmente la ferrería fue vendida a don José María López Dóriga, que en 1856 concentraba la propiedad de las dos ferrerías del Ebro, en esta ferrería me cuenta mi tía Luci que entre los que trabajaron allí estaba Fausto Andrés casado con María Zubelzu, abuelos de Titi, que con su cierre Fausto emigró a Argentina.

Posiblemente fue la única que utilizó hierro extraído de Las Rozas de Valdearroyo, aunque mezclado con el de Somorrostro.

Según el diccionario enciclopédico Madoz de 1850, el pueblo en esa época tenía 44 casas distribuidas en los barrios de Horna, Rebollar y Sierra, escuela de primeras letras frecuentada por 12 niños, la iglesia parroquial, una ermita en la zona de Rebollar y buenas aguas potables. El terreno es de 2ª y 3ª calidad. Hay un matorral con arbolado de roble. Producción: granos, legumbres, patatas y pastos; cría de ganado vacuno, lanar, caballar y de cerdo; caza mayor y menor y pesca de truchas, anguilas y otros peces.

Como podemos ver en las dos imágenes, lo que también hizo el Embalse fue transformar el hasta entonces plácido curso del Ebro en una amplia lámina de agua, que sumergió las mejores y más fértiles tierras, conocido popularmente como la «Pampa Campurriana«, donde se desarrollaba la vida cotidiana de Horna; así, lugares como El Plantío, La Ojada, Los Salcedos, La Rinconada, El Badanchu, El Columpio… desaparecieron bajo las aguas del Pantano. Quedando sus nombres como recuerdo del pasado.

Cuando baja el caudal del embalse podemos ver las “cepas” de un antiguo puente por el que pasaba el camino por donde se cruzaba el río Ebro para llegar al pueblo de Villafría. En la década de los 60 se comienza a construir una carretera en la otra margen del pantano, desde Horna de Ebro con salida a Requejo, para acortar la distancia de los pueblos del Ayuntamiento de Valdearroyo con Reinosa, pero a pesar de haber realizado los trabajos más costosos, la obra no se finalizó. Actualmente lo que queda de la obra es un camino y el puente de 3 ojos que se ve en la imagen.

Por la parte más alta del pueblo podemos ver la iglesia de Santas Justa y Rufina que es del siglo XVIII estilo Barroco y se desarrolla en tres tramos abovedados con espadaña en el hastial.

En la zona norte, en el límite con terrenos de Requejo y Orzales, el pueblo tiene un extenso pinar. Según me cuenta mi madre, Loli, antes de la forestación, era una zona de praderas donde, de pequeña, recuerda que iba con otros vecinos a cuidar el ganado cuando tocaba en su casa.

El ganado se cuidaba entre todos los vecinos, “la necaría” y “la gallade”, aquí la llamaban “la vecería”, un sistema de pastoreo comunitario para el ganado vacuno, que iba rotando y se pasaba la vez. Para los animales grandes, que llamaban “la goyada”, se pastoreaba un día por cada dos vacas y siempre tenía que ir un adulto; por “los jatos” era un día por cada animal, para estos se podía ir a partir de los 10 años.

Dentro del pinar hay una zona llamada Peña Campana, que tiene ese nombre según la Titi porque se comentaba que antiguamente tenían colocada una campana en esa peña para avisar a los pueblos del entorno de los diferentes acontecimientos posibles. Desde esa zona vas girando y puedes ver casi toda la comarca.

Un poco más abajo hay otra formación rocosa llamada “Peña Portal” según me dicen, allí se resguardaban de la lluvia cuando pastoreaban por la zona.

En lo más alto podemos ver una estructura campamental, es un pequeño recinto ovalado sobre el que no se ha llegado a un consenso respecto a su uso o tipología, si bien es cierto que ninguno duda de su antigüedad.

Su privilegiada posición en un alto a 947 metros sobre el nivel del mar hace de su ubicación un punto estratégico de importante consideración, desde el cual se controlan puntos a más de 30 kilómetros de distancia. Las laderas situadas al Norte del recinto no tienen mucha pendiente, en cambio al Sur nos encontramos con un fuerte desnivel que actúa a modo defensa natural.

El recinto ovalado se orienta en el eje Este-Oeste, con una medida de 130 metros de largo por 60 de ancho en sus puntos de mayor amplitud. Todo el recinto defensivo está conformado por un terraplén de tierra bastante reducido y erosionado que se ve con más o menos claridad según el sector. Llama la atención el sector Oeste, donde el terraplén se asienta por completo sobre la roca madre.

El único acceso conocido se encuentra al Noroeste, punto donde se interrumpe la estructura defensiva en unos 3 metros sin ningún tipo de articulación, tal vez innecesaria por el afloramiento de roca madre inmediatamente a continuación. Esta pared lisa obliga a desviarse a ambos lados del acceso, siendo innecesaria cualquier construcción artificial para conseguir el efecto “pasillo” deseado. Se cree además que la anchura del vano pudo ser inferior a la existente en la actualidad, pudiendo deber esto a la erosión propia del paso de los siglos. Y a los trabajos de forestación.

El enclave fue descubierto por Miguel Ángel Fraile en una fecha que no se puede precisar. Estamos ante un enclave de valor tanto estratégico en la antigüedad como arqueológico en la actualidad.

Estaría bien que las autoridades competentes fueran conscientes de su valor y decidieran su estudio y conservación.

A corta distancia, situada en el barrio de Sierra, junto a la pista que conduce a Requejo por el pinar, están los restos abandonados de “La mina de Lupi”. Es una concesión que hizo el pueblo, creo que al final de la década de los años 50, para la extracción de un tipo de arcilla llamada “cayuela”. Esta es una roca sedimentaria compuesta de silicatos de aluminio procedentes de la descomposición de rocas que contienen feldaspato, se caracteriza por su elasticidad al ser mezclada con agua y por conseguir una gran dureza al ser calentada por encima de 800º C. Se utilizaba para hacer ladrillos y otros materiales de construcción, de hecho, en los primeros tiempos de su explotación, se hicieron ladrillos, de los cuales como se puede ver en una de las imágenes aún siguen haciendo su función. También se usaba como componente de cerámicas y lozas, pero sobre todo, como aislante térmico en los Altos Hornos de la industria de fundición.

Para este fin y con destino a Asturias principalmente y en menor cantidad a Bilbao, salían diariamente camiones llevando el material extraído. Los camiones eran cargados a pala por los empleados. Benito y Panín, vecinos del pueblo, llegaron a cargar en un solo día 6 camiones de entre 18 y 20 toneladas.

Toda esta información ha despertado en mí los recuerdos de tantas anécdotas que he escuchado desde pequeño y que forman parte de la historia del pueblo y mi familia materna, de tantas entrañables como duras vivencias, por eso quiero que estas líneas sean un reconocimiento a todos aquellos que se vieron afectados por el pantano, tanto a los que, a pesar de las dificultades que les esperaba, se quedaron y trabajaron duro para salir adelante, como a los que optaron por irse a otros lugares en busca de un futuro mejor para sus familias.

Fotografías originales de la publicación en La Majada

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