¿Hay más niebla en Horna de Ebro desde que existe el embalse?

Escrito por hornadeebro | 14/05/2026

Quien conozca Horna de Ebro sabe que la niebla forma parte del paisaje de la zona. Hay días en los que el pueblo parece quedarse suspendido entre el agua, los prados y las laderas que lo rodean. La niebla entra despacio, se agarra al embalse, borra durante unas horas las referencias habituales y convierte el entorno en una imagen muy distinta a la de los días despejados. Pero esta sensación, que muchos vecinos y visitantes pueden tener, lleva a una pregunta sencilla: ¿hay realmente más niebla en Horna desde que existe el embalse del Ebro?

La respuesta no es solo una impresión popular. En 1988, la revista geográfica Ería publicó un artículo titulado Consecuencias climáticas de la creación de un embalse: estadística y percepción, firmado por Juan Carlos García Codron y Oliva Bermejo Zubelzu. El trabajo estudiaba precisamente el impacto climático del embalse del Ebro en la zona de Campoo, comparando los datos meteorológicos disponibles con los recuerdos y opiniones de personas que habían vivido los cambios producidos por la construcción del pantano.

El estudio se centraba en el entorno del embalse del Ebro, una gran masa de agua que entró en servicio en 1945 y que transformó profundamente el paisaje de la comarca. Para analizar los cambios, los autores utilizaron datos meteorológicos de Reinosa, situada a unos dos kilómetros de la cola del embalse, y realizaron encuestas a personas mayores residentes en los pueblos que rodean esa zona, entre ellos Horna de Ebro, Arroyo, Orzales y Quintanilla.

La conclusión más llamativa del artículo tiene que ver con la niebla. Según los datos analizados, el número medio de días de niebla al año pasó de 56,8 días antes de la construcción del embalse a 136,7 días después. Es decir, la niebla aumentó de forma muy clara en el entorno estudiado. El propio artículo calcula un aumento relativo del 140,8%, especialmente notable durante los meses de invierno.

Esto significa que la percepción de muchos vecinos no iba desencaminada. La presencia del embalse creó una gran superficie de agua en una zona ya propensa a inversiones térmicas, humedad y nieblas. En un valle como el de Campoo, donde el aire frío puede quedar retenido y donde el contraste entre agua, prados y montaña es muy marcado, el pantano pudo reforzar las condiciones necesarias para que la niebla apareciera con más frecuencia.

Dicho de forma sencilla: el embalse no inventó la niebla en Horna ni en Campoo, pero sí pudo hacer que apareciera más días. La niebla ya era un fenómeno conocido antes del pantano, pero el estudio muestra que, tras la creación de la lámina de agua, su frecuencia aumentó de manera notable en el entorno más cercano. El propio artículo recuerda que ya antes existían referencias a las nieblas de la zona, pero los datos posteriores al embalse muestran un salto muy claro.

La explicación tiene bastante lógica. Una gran masa de agua no se comporta igual que una superficie de tierra. El agua conserva el calor y la humedad de manera diferente, modifica ligeramente las temperaturas cercanas y favorece la condensación cuando se dan las condiciones adecuadas. En noches frías, amaneceres tranquilos o días de poca ventilación, esa humedad adicional puede convertirse en niebla con facilidad.

El artículo también señala otros cambios. Por ejemplo, las temperaturas medias muestran una tendencia a descender ligeramente después de la construcción del embalse, con una bajada media anual de unos 0,42 ºC en la comparación realizada. Sin embargo, los autores advierten que este descenso también encaja con la evolución general de las temperaturas en otras estaciones cercanas, por lo que no todo puede atribuirse únicamente al pantano.

En cuanto a la lluvia, el estudio resulta curioso porque contradice una idea bastante extendida. Algunas personas encuestadas hablaban de más sequía, pero los datos muestran un panorama más complejo: no aumentaron los días de lluvia, e incluso el número medio anual de días lluviosos bajó ligeramente. Lo que sí aumentaron fueron las llamadas precipitaciones inapreciables, es decir, esos días de humedad, llovizna muy débil o ambiente mojado que no siempre se perciben como lluvia normal, pero que sí afectan a la vida diaria.

Este punto es muy interesante para entender la diferencia entre el dato meteorológico y la experiencia cotidiana. Para una estación meteorológica, puede que no haya llovido de forma importante. Para un vecino, en cambio, el día puede haber sido húmedo, gris, incómodo, con la hierba mojada, niebla pegada al suelo y sensación de que “el tiempo no levanta”. Esa diferencia entre medición y percepción es una de las ideas más interesantes del artículo.

En el caso de Horna de Ebro, conviene ser prudentes: el estudio no dice que se instalara un medidor específico en el pueblo ni ofrece una estadística exclusiva de Horna. Lo que hace es estudiar el entorno inmediato del embalse y recoger testimonios de varios pueblos situados alrededor de la cola del pantano, entre ellos Horna. Por tanto, lo más correcto sería decir que los datos disponibles indican un aumento importante de la niebla en el entorno del embalse del Ebro, y Horna se encuentra precisamente dentro de ese espacio afectado.

Así que, si alguien se pregunta si en Horna hay más niebla por culpa del embalse, la respuesta sencilla sería: sí, todo apunta a que el embalse ha favorecido más días de niebla en la zona, aunque la niebla ya existía antes y forma parte natural del clima campurriano. El pantano no creó de la nada ese fenómeno, pero sí parece haber reforzado unas condiciones que ya eran favorables.

La niebla, vista así, no es solo una molestia o una postal bonita. También es una huella del cambio que el embalse produjo en el paisaje. Horna de Ebro no solo cambió por la subida de las aguas, por los terrenos que quedaron transformados o por las nuevas orillas del pantano. También cambió de forma más sutil: en la humedad del aire, en la frecuencia de las nieblas, en la sensación térmica y en la manera en que los vecinos percibían el tiempo.

Hoy, cuando la niebla cubre el embalse y envuelve Horna, está recordando una parte de esa historia. No es únicamente un fenómeno meteorológico. Es también una consecuencia visible de la relación entre el pueblo, el agua y el territorio que lo rodea.

Fuente consultada

Artículo: Consecuencias climáticas de la creación de un embalse: estadística y percepción
Autores: Juan Carlos García Codron y Oliva Bermejo Zubelzu
Publicado en: Ería, 1988, pp. 125-130.
Tema: impacto climático del embalse del Ebro en el entorno de Campoo, con referencias a Horna de Ebro y otros pueblos de la cola del pantano.

Fuente del artículo: https://reunido.uniovi.es/index.php/RCG/article/view/985/907

Deja un comentario